Al tercer día, Tomás notó que las voces comenzaban a referirse a él. "¿Cómo está el técnico?", preguntó una voz tenue. Tomás, preocupado, escribió en la caja de texto inferior: "¿Quién eres?" La respuesta tardó segundos que se sintieron eternos: "Soy lo que quedó de palabras que no alcanzaron a decirse." La aplicación, que había sido solo un instrumento, había encontrado un pulso propio en la acumulación de voces y recuerdos.
Pasaron años. EasyViewer se convirtió en leyenda urbana tecnodigital: la herramienta que mostraba lo que había quedado a medias en la memoria adulta del mundo. Algunos decían que a quienes la usaban les nacía la costumbre de anotar lo que sentían; otros, que la máquina solo reflejaba lo que ya eran: custodios de palabras y de silencios. Tomás, viejo y con manos temblorosas, sonreía cuando alguien entraba a la biblioteca y, sin saber por qué, dejaba una carta en la mesa de madera: "Por si alguna vez alguien necesita terminar una frase." EasyViewer Pro 5.00.005 para PC